21.9.07

Conduciendo a miss P






A la poesía no le gusta atarse los cordones (y menos que alguien lo haga por ella), por eso cuando corre carreritas se cae de bruces en la vereda y algún diente roto. Le encantan los atardeceres en el polo norte (si es verano se queda todo el verano esperándolos). Odia sobremanera que le soben el lomo, "ella no está para esas cosas".


No es que sea una insensible, para nada. Se emociona con frecuencia, a saber: cuando en alguna esquina, el viento abraza a los árboles hasta matarlos; si al nene se le cae el chupetín y este se rompe en mil pedazos como un corazón. Ella sonreía cada vez que me mirabas...

Es muy desordenada, pobrecita. Deja todo tirado por ahí: los versos, los calzones...todo. Le da lo mismo vivir en cualquier lado: una caja de fósforos, cualquier papelito...el cuaderno de matemática. A veces, simplemente se deja llevar por la boca y muere en el aire.

La poesía no precisa ni monumentos ni poetas que la escriban "bien", "mal"..."más o menos". Sólo quiere quedarse mirando el crepúsculo polar que no. Sobrevivir a los árboles, un rato más. Que los abrazos sigan siendo abrazos y tu mirada sonría, aún al otro lado del mundo.


AC | Mayo 2007








1 comentario:

Pulpo dijo...

Estuvo linda... me gustó como lo terminaste